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Menstruar mejor: sostenible, saludable e incluyente.

  • casacommunia
  • 22 may 2020
  • 5 min de lectura

Actualizado: 8 oct 2020


Hablemos de menstruación. Este sangrado vaginal a través del cual se expulsa el endometrio en un proceso biológico completamente natural sigue siendo un tabú, a menor o mayor escala según el contexto, pero tabú en sí. Expresiones como “llegó Pacho”, “vino Andrés”, “estar en esos días”, “la regla” o “hay sangre en la arena y no es del torero” (la más caleña), son todos eufemismos que aún denotan esa incomodidad sutil de nombrar las cosas por su nombre. Pedir a tu amiga del colegio o universidad o a tu colega de trabajo, en voz alta y delante de todos que por favor te pase un tampón o una toalla higiénica todavía no es práctica para todo el mundo, ni para quién habla, ni para quien escucha. La misma industria la disfraza de color azul y pone a disposición de las mujeres una serie de productos de higiene con promesas de imperceptibilidad, frescura y buen olor, que entendido a la inversa, habla del problema e incomodidad inherente a la menstruación y a la vagina como una verdad per se. Y con esa idea crecemos, validando de manera inconsciente un pudor, una visión patriarcal del cuerpo femenino y unos modelos comerciales de la menstruación que no le aportan ni a las mujeres ni al planeta.


Con o sin tabú, la menstruación es una realidad y su manejo tiene un impacto en la salud y en la inclusión social de las mujeres y por supuesto, en el medio ambiente. Si tomamos como ejemplo a una mujer promedio que empieza a menstruar a los 12 años y entra en la menopausia a los 50 años, estamos hablando de 38 años de menstruaciones, 456 meses y entre 8000 y 11000 tampones o toallas desechables utilizadas en una vida, esto dejando de lado el uso de protectores diarios o toallitas de limpieza dentro y fuera del periodo menstrual. De esta estadística sencilla, se sacan dos conclusiones evidentes, la primera sobre la cantidad abrumadora de desechos producidos; la segunda, sobre la inversión que cada mujer debe hacer mes a mes en estos productos. Hay una tercera conclusión -no tan evidente para todas las mujeres- y que concierne al impacto en la salud relacionado con el uso de semejante volumen de productos industriales a lo largo de una vida.


Las primeras toallas higiénicas desechables fueron introducidas a inicios del siglo XX y nacieron de la necesidad de las mujeres de tener soluciones rápidas y eficaces mientras enfrentaban la 1era guerra mundial. El producto se ha ido perfeccionado hasta lo que tenemos hoy que, a pesar de lo práctico, es una catástrofe pluridimensional. Las toallas, los tampones y sus aplicadores, tiras y embalaje, están en la categoría de productos que tardan más de 400 años en degradarse. Si tomamos un peso promedio de 10g por unidad (de tampón o toalla) una mujer genera un promedio de 110kg de desechos a lo largo de su vida (solo considerando tampones y toallas). Esto extrapolado a la población de mujeres en edad reproductiva (aprox. 1,8 billones) nos da una idea del volumen de desechos que puede llegar a ser generado y acumulado.



Sin embargo, no todos los 1,8 billones de mujeres van a generar este volumen de desechos. En efecto, no todas las mujeres tienen acceso a recursos básicos como el agua y mucho menos a estos productos que garantizan unas condiciones mínimas de higiene durante la menstruación. Este tema es conocido como inequidad menstrual. Mujeres jóvenes de bajos recursos y en contextos de fuerte estigmatización de la menstruación pueden ver su educación frenada con la llegada de la pubertad por el simple hecho de no tener los medios para vivir un ciclo menstrual de manera segura y digna. En muchos países, mujeres de bajos recursos se ven en la obligación de adquirir estos productos gravados con IVA y destinar dinero para este efecto, sacrificando otros productos de su canasta familiar básica. El estigma que reposa sobre la menstruación la hace inexistente en términos de políticas públicas a nivel mundial y la convierte en un factor de exclusión.


Finalmente tenemos el tema de la salud. Lo primero a saber es que los tejidos de la vulva y la vagina son más permeables que el resto de la piel del cuerpo de una mujer. La vagina es el lugar con mayor permeabilidad del cuerpo femenino. Las membranas vaginales tienen gran número de vasos sanguíneos y vasos linfáticos que permiten el traslado directo de productos químicos al sistema sanguíneo y justamente esto es lo que está sucediendo al usar productos de higiene intima desechables. Confiadas en el marketing de la pureza y la asepsia de estos productos y en el compromiso de una vida práctica y de un sex-appeal aumentado, muchas mujeres no se dan cuenta en toda una vida de los riesgos de esta promesa. Así, una mujer puede llegar a introducir tampones durante 24h por día durante un promedio de 5 días/mes o usar toallas higiénicas o protectores diarios en contacto directo contra las mucosas de la vulva durante el mismo periodo de tiempo y hasta más, sin percatarse que entre más tiempo de uso más exposición se tiene a los químicos.


Varias investigaciones han demostrado que los tampones, toallas y toallitas de limpieza tienen componentes peligrosos como las dioxinas y furanos (usados para blanquear el algodón), residuos de pesticidas provenientes del mismo algodón y una serie de productos químicos desconocidos en las fragancias (ya que las empresas aún no desvelan como las generan), entre otros. Estos elementos se han relacionado con enfermedades como el cáncer, daños en el sistema reproductivo, alternaciones endocrinas y reacciones alérgicas. (Nota: para quienes quieran ahondar en el tema les recomendamos leer reporte de CHEM FATALE de WOMEN’S VOICES FOR THE EARTH y seguir todo el trabajo y reivindicaciones en pro de la salud que han logrado contra grandes corporaciones). Varios países (Estados Unidos y países de UE) avanzan a paso lento sobre la obligatoriedad que tienen las grandes corporaciones en divulgar los componentes en tampones, toallas, duchas vaginales, etc. y sus impactos. En Colombia, se ganó la batalla contra el IVA en el 2018, desde entonces estos productos no son gravados, pero en materia de impactos en la salud estamos muy lejos de una regulación que dé prioridad al derecho del consumidor a saber que está consumiendo.


¿Qué alternativas hay para lograr que más mujeres, independientemente de su condición social, puedan acceder a productos menstruales saludables y de bajo impacto ambiental?


Las opciones más viables del momento son el uso de copas menstruales o toallas de tela reutilizables en complemento con otros productos como protectores de tela reutilizables. Las copas están generalmente fabricadas con silicona de tipo médico, no hay traspaso de substancias químicas y este material inerte no absorbe otros fluidos producidos por la misma vagina para su auto-limpieza. Las toallas fabricadas en tela de algodón no han pasado por procesos de blanqueamiento, también hay opciones en algodón orgánico y todas han sido concebidas para tener el mismo desempeño que una toalla higiénica desechable. En términos de impacto, una copa menstrual puede durar hasta 10 años y una toalla de tela reutilizable más de un año, estos tiempos varían según la frecuencia de uso y los cuidados dados al producto pero, a largo plazo, son sin duda las opciones más sostenibles, más saludables y más económicas.


En la realidad, el proceso de pasar de lo desechable a lo sostenible puede no resultar fácil, representa dejar la comodidad de tirar las toallas o tampones en el más simple de los gestos y también representa entrar mucho más en contacto con el cuerpo y con la menstruación como tal. Usar la copa es un aprendizaje que permite a las mujeres sentirse más involucradas con su ciclo, dejar “ascos” que carecen de sentido y llegar a disfrutar de una opción que puede resultar más cómoda que las toallas/ tampones y menos esclavizante ya que se puede usar hasta 12h de seguido.


Una vez la adoptes, no querrás dejarla.



 
 
 

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